El mejor momento del día: el de volver a la cama. Apago la luz y dejo la cámara, que me ha acompañado durante todo el día, y ya siento que falta una extremidad de mi cuerpo. Guardo la ropa en el armario y me pongo el pijama. Tiene que ser ya de invierno, pues se me enfrían los pies al andar por casa, lo que significa que las temperaturas han decidido dejar de mantenerse. Dos minutos de instantáneas cepillándome los dientes tras haber derramado medio tubo de pasta por el lavabo de manera accidental. No tengo hambre, mamá. Pon la mesa Beatriz, que vamos a cenar. Hemos ganado. Campeones de Europa. Grande, Navarro. El partido está ya ganado y aún no ha terminado el tercer cuarto. Trece puntos de ventaja. La publicidad está protagonizada también por nuestra selección de baloncesto, que no dejan hueco para otras personas en estos espacios publicitarios. Segundo cuarto. Tiempo muerto de Francia, y sólo llevamos 6 puntos. Comienza el partido, los nervios a flor de piel en casa. ¡La Sexta! ¡Pon la Sexta! ¿Dónde está el mando? ¡Enciende la televisión! ¡Llego enseguida! ¿Dónde estás? ¡Va a empezar el partido!
La cerradura de casa, el ascensor. Me cruzo con mi vecino. Parece que los años no pasan por él. Vamos a casa, Milka. Los fosos, como siempre. Un conocido por aquí, un amigo nuevo por allá. El recorrido de los fosos durante cientos de fotografías sin memoria. Fosos y más fosos. Vamos a la calle, Milka. ¿Ha salido el perro? Los test de la autoescuela me están saturando la cabeza. Venga, otro más. Dos fallos. A ver qué tal se me dan hoy las normas del tráfico. Enciendo el ordenador.
La mesa ya está recogida. Viajes de la mesa al lavavajillas. montones de platos en la encimera. Ya se ha ido toda la familia, lo hemos pasado bien. El café, el postre, el segundo plato. El primero. ¿Dónde dejo el abrigo? ¿Y esa cámara? Dos besos a todos. Abre la puerta, han llamado. Sí. ¿Está todo recogido? Me ducho, pero esta vez la Canon tiene que esperar fuera. Llegamos a casa, se agradece. Vuelta en coche. Excursión por el monte, la perra lo agradece. Milka ladra de la emoción, sabe cuál es el plan. Todos al coche, los mismos problemas de espacio que siempre. Vístete, corre. Las lentillas. El tazón, la leche, los cereales. Ponte la cámara, Beatriz. No lo olvides. Y, cómo no, el peor momento del día: mi encontronazo con el despertador.